Mi historia, mis aprendizajes
El orden. Alemania, 1968 a 1997. Nací en Alemania a finales de la década de los 1960, de padres que a su vez nacieron justo al inicio de la segunda guerra mundial en una de las regiones más bombardeadas de Alemania. Siempre he pensado que tuve una infancia bastante normal, y creo que así fue. Solo que no descubrí hasta varias décadas más tarde, que normal no quería decir que todo hubiera estado bien.
Entre las memorias directas de una guerra, las expectativas de una sociedad enfocada en mirar hacia el éxito económico a todo coste, y los constantes avisos de que a otros les iba mucho peor, no me dí cuenta de lo que no había en mi infancia. Hoy sé que no había educación emocional. Ninguna. Al contrario: el mandato general de la época era «no sentir, hacer!» Y tampoco había ningún adulto que supiera enseñarle a una niña qué hacer con sus emociones de forma sana. ¿Qué aprendí de esto? No llamar la atención. Ser invisible. Ser razonable y no sentir. No tener necesidades más allá de las fisiológicas. Ser de manejo fácil. Estudiar y ser lista. Trabajar de forma meticulosa, organizada y efectiva. No mostrarme vulnerable. Seguir para adelante, cueste lo que cueste.
Y costó. Solo que era un precio tan «normal», que nadie se dio cuenta hasta mucho más tarde. Si se dio cuenta. Aún hoy hay muchas personas de mi generación con la frase típica de «a nosotros tampoco nos hizo daño». Sí que lo hizo. Y tanto que ni siquiera lo sabíamos.
Mi salvación fueron los caballos y los libros. Sin ellos habría estado muerta en vida.
Suena como si mis padres hubieran sido monstruos. No lo fueron, Pero tuvieron sus propias heridas emocionales de una infancia en la segunda guerra mundial y las exigencias de una sociedad que solo quería mirar hacia delante a todo coste, hacia el hacer, y el éxito económico y financiero. Cualquier tipo de emocionalidad era equivalente a fragilidad y aprovechado sin miramientos por el siguiente que quería subir un escalón hacía su propio éxito económico y financiero. ¿Suena horrible? Pues, sí. Solo que no te dabas cuenta porque era normal.
El origen interior. Andalucía, 1997 a 2023. Empresa unipersonal de turismo ecuestre con hasta 10 caballos. Aprendizajes: Contacto con la naturaleza. Las manos en la tierra. El trabajo físico. Ärboles, caballos, rutas y clientes. La superwoman Yo puedo con todo sola!
Mi visión: ayudar a las personas a través del caballo y la naturaleza a volver a conectar consigo mismo, bajar el ritmo, y disfrutar del momento presente.
Suena contradictorio, y lo fue. Fue un intento instintivo a conectar con algo más esencial. A regular el estrés contante que sentía mi cuerpo, la tensión física y emocional, y que sabía que otras personas también sentían. Un cuerpo (y una mente), que nunco pudo ser débil y jamás podía bajar la guardia. Fue un paso importante pero insuficiente.
2024 a 2026, el renacer. Parece que fue el momento: Cuando el alumno está listo, el maestro aparece. Y me he encontrado con muchos maestros estos últimos años. Amables y muy estimados, y también menos agradables, pero maestros al final. Y lo que cambió no fueron los encuentros (aparte de algunas personas sí muy maestr@s), fue mi mirada hacia ellos. Finalmente dejaron de ser destino y se convirtieron en aprendizajes.
Todo empezó con mi formación en Yoga en la Escuela Yoga Vida Sevilla, en dos ramas aparentemente opuestas, que son la consciencia y la experiencia corporal. Su enfoque de enseñar el Yoga para la vida real, cotidiana y contradictoria, abrió una puerta de búsqueda en mi interior: ¿de dónde vienen mis pensamientos?, ¿qué me quieren decir mis emociones?, ¿qué decide cómo percibo mi vida? fueros solo algunas de las preguntas que despertaron de nuevo mi curiosidad de niña y me han convertido en una especie de Sherlock Holmes e Indiana Jones para mi propia vida.
El aporte de experiencias más viscerales como los baños de sonido super potentes, y las activaciones de la energía Kundalini hicieron que finalmente pude conectar con mi cuerpo desde dentro, en vez de verlo como algo ajeno a mí.
Hoy día, mi presencia consciente en mi propio cuerpo (aquí se encuentran los opuestos) es mi clave principal para poder realmente vivir esta vida. Y aunque sé (creo) que soy más que un cuerpo, es a través de él que experimento esta vida, y por lo pronto no quiero desindentificarme de él. Sabiendo que no es mi única realidad, pero sí es una realidad.
Todas estas preguntas y recientes inquietudes me llevaron a seguir formándome, esta vez como coach transpersonal en la escuela de Coaching Inner-Key. Y esto fue la mejor inversión en mi vida que he hecho hasta ahora. Aunque busqué la formación por su contenido profundo solo para mi, he descubierto que la idea original del coaching me fascina y apasiona: ayudar a otra persona a encontrar sus propias respuestas, me parece uno de los regalos más bonitos que se pueden hacer.
En estos últimos tres años he aprendido más sobre mí que en las cinco décadas anteriores. He transformado mi relación con mis pensamientos, y he sabido cambiar algunos especialmente crticones y persistentes. Comprendo mucho mejor mis emociones, de qué me avisan, y cómo se relacionan con mis valores, necesidades y lo que es importante para mí. He cambiado en profundidad la relación con mi propio cuerpo, que ha pasado de ser algo ajeno y más enemigo que amigo, como mucho para cumplir órdenes, a ser mi mejor aliado en esta vida, con sus propios recuerdos y su propia sabiduría.
Y aunque sé que, igual que mis pensamientos, no siempre reacciona solamente a los hechos actuales, lo tengo en cuenta siempre. Porque, si algo he aprendido en estos últimos años, es que no hay cambio sostenible si no incluimos al cuerpo. La verdadera transformación ocurre cuando el sistema nervioso también se cree lo que la razón ha descubierto. Pero el sistema nervioso no responde a la lógica: habla el lenguaje del cuerpo a través de las emociones y de la sensación de seguridad.
Por eso, todas mis propuestas integran también la experiencia somática: desde los talleres con caballos y los procesos de coaching hasta los retiros y el acompañamiento en cuarentenas (procesos de 40 días seguidos)
¿Qué regalo te quieres hacer tú? ¿Quieres salir del bucle de pensamientos destructivos? ¿Quieres entender el caos emocional? ¿Quieres sentirte en casa en tu propio cuerpo? Sea lo que sea, te acompaño!