La palabra yoga viene del sánscrito “yuj”, que significa unir. Es la raíz que forma las palabras yugo en español [y cónyuge ;)], yoke en inglés y Joch en alemán, y tienen el mismo significado: a través del yugo se unen 2 bueyes al arado para trabajar la tierra y hacerla más fertil. Puede que no suene muy atractivo para nuestro entender moderno, pero también el yoga hace referencia a las herramientas, o disciplinas, o prácticas tanto físicas, mentales y espirituales para lograr la unión. Unión entre la conciencia individual y la conciencia universal. Unión entre cuerpo, mente, y espíritu.
Y cómo llegamos a esta unión? Ahí es donde el yoga nos da diferentes herramientas, y las posturas (asanas) solo son una pequeña parte de ellas. Comienza con pautas de conducta en la vida cotidiana, 5 restricciones de conducta social (Yamas) y 5 autodisciplinas para la conducta personal (niyamas). En total son 10, igual que los 10 mandamientos en las religiones abrahámicas y no creo que sea casualidad. Además se parecen bastante.
Para mí, la más importante es “Ahimsa”, la No Violencia, que en el fondo embarca a casi todos los demás, como No Mentir, No robar, No (aferrarse a) Posesiones, la Pureza, el Contentamiento y el Autoconocimiento. Solo si sabemos quiénes somos de verdad, qué deseamos en lo más profundo de nuestro ser, podemos actuar en consecuencia y sin hacer daño, ni a nosotros mismos, ni a otros.
Luego están las Asanas, que es la práctica de posturas, que puede parecer la parte más física de estas herramientas, pero también aquí hay una implicación mental y espiritual por la actitud meditativa y de introspección que queremos mantener en la práctica.
Luego vienen las Pranayamas, ejercicios de respiración para dirigir y regular nuestra energía vital (Prana, o chi en la tradición china). Hay ejercicios tanto para calmar la energía, para equilibrarla o para activarla. La respiración consciente y sobre todo la correcta retención del aire en estos ejercicios es una de las maneras más directas para “hackear” en nuestro sistema nervioso, conectar con el cuerpo y calmar la mente y las emociones.
Y por último está la meditación. Desde sus niveles más básicos, que sería la concentración, o la decisión consciente de mantener un estado de atención plena y enfocada, hasta la meditación profunda, de la que no os puedo hablar, porque no la he experimentado aún.
Todas estas herramientas aplicadas con conciencia, llevan eventualmente al estado de Samadhi, la comprensión y harmonía con el “Todo”, la unión entre la conciencia individual y la conciencia universal.
Pero lo verdaderamente bueno del Yoga es, que no hay que llegar a la meta final para sentir sus beneficios. Basta con iniciar el camino, sobre todo si no limitas el yoga a 1 hora de práctica por semana, sino intentas integrar la conciencia en tu día a día, te aseguro que vas a notar cambios en tí más bien pronto que tarde. Pueden ser cambios sutiles, que al principio pueden quedarse imperceptibles incluso para ti mismo, como si ya no te viene tan a menudo un pensamiento como “soy aquello (feo, gordo, tonto, etc)” o “Todo el mundo está en mi contra”. O pueden ser cambios más fáciles de detectar, como que, de repente, no te apetece seguir con una costumbre, porque ya no te aporta nada de valor.
Espero que haya quedado también claro, lo que el Yoga NO es. No es un deporte, no hay competencia, ni con tu vecino de esterilla, ni contigo mismo. No se puede ser malo en Yoga, llegues adonde llegues en las posturas. Lo importante es la actitud mental. No es la caza a lograr las mejores posturas, como nos quieren sugerir las redes sociales.
Obviamente esto no es un resumen completo del yoga, pero si con estas reflexiones he podido despertar tu curiosidad para iniciar tu propio camino del Yoga, estaría genial! Namasté!

