En el yoga el ejemplo perfecto para mí es Gomukhasana (Cara de vaca). Mis articulaciones de la cadera simplemente no parecen hechas para estar cómoda en esta postura de rotación externa en aducción.
Pero practicarla de momento me sirve de meditación para encontrar otra comodidad dentro de lo incómodo, que sí me interesa conseguir, y que es hacer las paces conmigo, aceptar y amar todas las facetas de mí, incluso aquellas que me resultan más incómodas, pero que en su totalidad al final han hecho que soy quien soy y que esté donde estoy.
Y si tomo como referencia la cantidad de personas maravillosas que he conocido en los últimos 8 meses, no podría estar en un sitio mejor que aquel donde actualmente estoy. Doy las gracias por haberme cruzado con vosotros.
Ahora toca reconocer que puedo ser valiente y vulnerable a la vez. Que está bien tener miedo por no saber si esta vez seré capaz de romper viejos patrones de conducta. Que no pasa nada por tener necesidades consideradas “no seguras” por viejas heridas que no he sabido curar todavía, y por tener sentimientos que parecen ser más antiguos que yo.
Y acepto la incertidumbre, intento fluir aunque cuesta, igual que en Gomukhasana. Mucho por aprender y más por desaprender en este camino. Menos mal que caminar y aprender siempre me han gustado, seguiré practicando.
Y también doy las gracias a Ico por sacarme de mis cavilaciones con esta cara de “Y qué estás haciendo tú debajo de mi algarrobo? Al menos haz algo útil y dame algarroba!” Namasté!
#yogaparavivir





